Caciques, cacicazgo, caciquismo

Las recientes reuniones y conciliábulos de caciques para decidir desde ahora, y al margen del Congreso del PDA, quiénes van a controlar el partido, nos obligan a recordar algunos emocionantes pasajes de nuestra historia.

La palabra cacique (Ka-Chi-Ka) procede del idioma taíno (de la etnia arawak) y significa originariamente “Señor de autoridad, jefe superior”. En la mayoría de las poblaciones prehispánicas, la jefatura social podía ser ejercida por un hombre o por una mujer, pero los conquistadores españoles establecieron diferencia de género en el nombre de este cargo, y por eso se habla hoy de “cacique” o de “cacica”.

Al mismo tiempo, los conquistadores usaron la palabra taína para todos los jefes de todos los pueblos y etnias indígenas, sin importarles que el cargo de jefatura tenía diferentes nombres en diferentes culturas. Así desaparecieron los otros nombres, como “toqui” o “ulmen”, etc.

La invasión española produjo cambios traumáticos en la jefatura indígena. Los jefes eran casi siempre elegidos en asamblea, pero la guerra obligó a modificar los criterios de elección: el más fuerte, el más valiente, el más duro, etc. Al mismo tiempo, los pueblos invadidos se vieron obligados a dar facultades extraordinarias a sus jefes, poderes absolutos que no tenían en tiempos de paz, y esto determinó la muerte de las asambleas y el establecimiento del poder arbitrario y unipersonal del cacique.

En otras palabras: la mayoría de las tribus indígenas opusieron una dura resistencia contra los invasores europeos. Durante estas crueles guerras, cada tribu organizó un sistema de liderazgo militar basado en el poder absoluto de un solo jefe, el cacique.  Este cacique era un guerrero experimentado y tenía poderes de dictador. Podía decidir sobre la vida y la muerte de los miembros de la tribu.

Hubo centenares de  caciques  heroicos en las guerras contra los conquistadores. Entre ellos se recuerda especialmente a Hatuey (Santo Domingo), Calarcá y Gaitana (Colombia), Guaicaipuro, Baruta, Chacao y Tamanaco (Venezuela), etc.

El cacicazgo

Pero también hubo numerosos caciques que obligaron a sus pueblos a luchar en estas guerras en alianza con los españoles contra otros grupos indígenas. Los españoles utilizaron hábilmente las contradicciones y conflictos entre los indígenas, y por medio de intrigas, favores, alianzas, matrimonios de conveniencia y relaciones de compadrazgo, lograron establecer alianzas muy fuertes con muchos caciques. Y como la autoridad de estos caciques era absoluta, lograron de esta manera controlar a millones de indígenas.

La Corona española creó la institución del Cacicazgo dentro de las Leyes de Indias, por sucesivas órdenes reales. La real cédula del 26 de febrero de 1538 estableció que cualquier autoridad indígena fuera denominada “cacique” sin importar las diferencias lingüisticas y culturales. Se prohibió expresamente llamar “Señor” a cualquier jefe indígena, así fuera inca, azteca o mapuche. Y se dictaron normas exactas y minuciosas sobre los privilegios y preeminencias que tendrían los caciques sobre el resto de la población indígena: derecho a la educación en colegios especiales, derecho a gozar del apoyo militar español para perpetuar su autoridad, privilegios extensivos a sus familias, etc. Esto acentuó el establecimiento de élites poderosas en cada pueblo indígena, al servicio del sistema colonial. Y la autoridad del cacique, que originariamente había surgido de asambleas del pueblo, se privatizó, se hizo propiedad individual y hereditaria de una familia o clan.

El caciquismo

Durante los tres siglos de dominación colonial, los caciques se acostumbraron a intrigar los unos contra los otros y a hacer alianzas con los españoles para mejorar sus expectativas frente al poder, la tierra, el acceso al agua o simplemente el estatus social. Los españoles aplicaron toda su habilidad para lograr meyores beneficios de estas alianzas y extender su poder y su control sobre las riquezas y recursos naturales. Los pueblos indígenas, los “indios de base”, tenían muy poco que decir al respecto: no eran consultados nunca, su función se reducía a obedecer a su respectivo cacique.

Después de la independencia, la política caciquista se convirtió en una tradición republicana. Los grandes caudillos nacionales, próceres de las guerras civiles, establecían acuerdos y alianzas con caciques locales o regionales para conquistar el poder o derrocar del poder a otros, lo que produjo el complicado sistema de clientelismo político que hoy todavía rige en muchos países de América Latina.

Así por ejemplo, las terribles guerras civiles entre federalistas y centralistas, en última instancia pretendían dirimir si la nación sería controlada por una sola red central, jerarquizada, de caciques, o si cada región debía ser controlada por una red local de caciques a quienes era necesario respetar y garantizar una relativa autonomía.

Hoy, todos estos  problemas (y muchos otros fenómenos asociados a ellos) cobran particular relevancia cuando vemos la trifulca que algunos quieren armar en el interior del PDA. Porque lo que hay en este punto, en última instancia, es el intento más o menos desesperado de algunos viejos caciques del siglo pasado por volver a privatizar la autoridad del partido en su beneficio personal.

El modelo caciquista que le quieren aplicar al PDA es el siguiente:

Como pueden ver mis amigos, aquí las bases nada tienen que decir. Se trata de acuerdos entre caciques y apenas tendremos que dar las gracias porque los indios de base no llegan amarrados con lazo a la hora de las votaciones en el congreso del PDA.

Algunos compañeros muy bien intencionados, pero un poquito desorientados, han confundido esta maniobra caciquista con nuestro empeño en organizar una tendencia de izquierda democrática dentro del PDA. No, no se confundan, por favor. Nosotros defendemos la autoridad soberana del Congreso Nacional del Partido. Defendemos y apoyamos al presidente Carlos Gaviria y al secretario general Carlos Bula, al Comité Ejecutivo Nacional y a las instancias de dirección, porque son legítimas, nacidas de la autoridad soberana de las bases, y nos representan a todos.

También defendemos sin vacilaciones el derecho que asiste a las distintas tendencias dentro del partido a organizarse y a existir organizadas, como lo garantizan los estatutos. Somos defensores del modelo no caciquista, como se ve por la siguiente figura:

Esto es lo que entendemos por un partido moderno. Esto es lo que dicen los estatutos. Esto es lo que se llama respeto por la diferencia de ideas, las tendencias, las orientaciones y corrientes, que dirimen sus diferencias democráticamente en las instancias de discusión (grupos de base, consultas, debates, congreso) y que respetan a las jefaturas y líderes que el congreso ha elegido democráticamente y en uso de su soberanía.

En resumen: estamos en contra del caciquismo y propugnamos la reeducación de los viejos caciques para que aprendan a ser servidores del pueblo.

En lo que a mí respecta, debo declarar desde ya lo siguiente: apoyo con entusiasmo y sin restricciones a Carlos Gaviria, por razones ideológicas: comparto plenamente sus puntos de vista, conozco su honestidad a toda prueba y no tengo la menor duda sobre su capacidad de dirección y liderazgo.

Carlos Vidales
Estocolmo, agosto 29 de 2008

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5 pensamientos en “Caciques, cacicazgo, caciquismo

  1. De acuerdo con este articulo, lo que tenemos que propender es que el Partido Polo Democratico como alternativa politica, no se convierta en el caciquismo que està incrustado en los partidos tradicionales, pues no podemos ser lo que criticamos.
    Sin embargo muchos podemos observar como el Dr. Carlos Gaviria Diaz no actua de manera neutral como Presidente del partido en varias acciones al interior del Partido POLO, sino màs bien observamos como incentiva que unos cuantos que quieren “CACIQUEAR” dentro del Partido lo hagan, como por ejemplo el Moir.

  2. Hola Kanu, yo no comparto tu opinión sobre Carlos Gaviria. Verás, el presidente del Polo en este período ha tenido el terrible trabajo de conciliar una enorme gama de posiciones encontradas, a veces casi irreconciliables, y buscar acuerdos para impedir que el Polo se rompiera o se quebrara. A la hora de movilizar a las bases ha sido necesario contar con todas las fuerzas disponibles. NADIE le ha garantizado al presidente del Polo ni las fuerzas ni el apoyo que necesitaría para hacer valer una autoridad central frente a todos los grupos de presión. El mismo problema tendrá el próximo presidente del Polo, y los que vengan, mientras no construyamos verdaderamente una estructura partidaria orgánica que se imponga sobre todas las fracciones y corrientes. Yo rindo un homenaje a Carlos Gaviria por la honestidad, la integridad y la limpieza con que ha logrado mantener la unidad de nuestro partido, aún en momentos en que había poderosas fuerzas que querían romperlo. Un saludo fraternal. Carlos.

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