¿Dónde estaremos las hijas y los hijos el 4 de febrero?

A la comunidad internacional:

El próximo 4 de Febrero habrá una manifestación. El objetivo y el destinatario de la marcha pretenden uniformarse en medio de un debate nacional inconcluso: en contra de las FARC, en contra del secuestro.

Para Hijos e Hijas por la Memoria y contra la Impunidad, los hijos y las hijas de la historia olvidada, el secuestro es un acto repudiable, indefendible, que implica la vulneración de la dignidad. Por ésta razón, la convocatoria a la marcha se nos presenta con un peso innegable que nos conmina a expresarnos desde la perspectiva que hemos construido: la de la memoria, la de la solidaridad con las víctimas que también somos, y la de la búsqueda de una salida política y negociada al conflicto que vivimos.

Conscientes de la necesidad de avanzar en la liberación de los secuestrados, consideramos que esa búsqueda debe transitar por un camino donde no se privilegie el odio sobre la protección de la vida, ni el protagonismo de un gobierno, él también responsable de vulneraciones a los derechos humanos. Desde esa orilla, la del recordar de manera amplia y no unidimensional la historia reciente del país, planteamos que la búsqueda de la libertad de los secuestrados se amarra a la afirmación del Acuerdo Humanitario, no sólo por coherencia política, sino porque creemos necesario que se escuche la voz de quienes reclaman esa posibilidad, los secuestrados y sus familias, con la certeza de lo que implican las opciones de “sangre y fuego”.

En ese sentido, compartiendo el dolor innombrable que se despierta ante cualquier vulneración de un ser querido, de un padre y una madre, debemos cuestionar, más allá de la manifestación mencionada, la política de olvido que tiende a imponerse en el país, y la manipulación política de la expresión ciudadana en función de la continuidad y agudización de la guerra.

Estando por encima el odio que las consideraciones de humanidad, se legitimaron antes y ahora las ejecuciones extrajudiciales que cuestionan la seguridad democrática ante la comunidad internacional. El odio permitió antes el genocidio y ahora también la justificación de los ataques a los opositores políticos, las desapariciones, las torturas y el cierre de las posibilidades del Acuerdo Humanitario. Nuestra voz de Hijos e Hijas reclama una visión crítica de nuestro presente, y alerta, desde la profundidad de la realidad que hemos vivido, la posibilidad de que continúen consolidándose en el país estrategias totalitarias de señalamiento y estigmatización de quienes pensamos distinto.

En el trasegar histórico del odio perdimos seres irremplazables y una oportunidad para construir otra sociedad menos injusta e intolerante. El odio se siembra de manera deliberada sobre la base del legítimo sentimiento de indignación ante la degradación de nuestro conflicto, lo cual sólo nos traerá más guerra y violencia; más ciega, con más poder, y con mayores niveles de aceptación social.

La visión de cíclope que quiere imponerse sobre nuestro conflicto, sepulta las voces y realidades de las opciones diferentes. Las del Acuerdo Humanitario, pero además, la de nuestros muertos, invisibilizados, puestos en el lugar de lo que no se nombra ni existe, “desaparecidos” en toda la extensión de la palabra. La realidad que da cuenta de la más aberrante de las impunidades es silenciada y desestimada, el valor de los seres humanos no es el mismo, y el grito de la marcha hoy es tan fuerte como para que no se escuchen los actos criminales del paramilitarismo y del Estado que siguen ocurriendo, óigase bien, siguen ocurriendo.

Sabemos también que muchas voces a favor del Acuerdo Humanitario y contra la guerra continuarán expresándose en el país. No obstante, particularmente en la manifestación del 4 de febrero, tememos por experiencia que el sentido de la marcha no esté dado por los manifestantes en reconocimiento de la diversidad de sus posiciones, sino que en cambio sean los medios de comunicación quienes homogenicen las consignas. Aún más, la posibilidad de que existan matices en la manifestación viene siendo atacada bajo el calificativo de mezquinas, lo cual reafirma el hecho de que estamos ante un impulso a la polarización, antes que a la unidad de los colombianos y colombianas. Para nosotros y nosotras, lo que siempre estará primero en nuestra escala de valores es la vida, la libertad, la paz, la justicia, por ello, nuestra opción el 4 será estar junto a las víctimas que somos.

Hijos e hijas por la memoria y contra la impunidad, los y las que nacimos en la historia olvidada, los hijos y las hijas de una generación silenciada, hoy jóvenes que luchamos por alternativas a este país de olvido, aún esperamos una ética que priorice la humanidad en Colombia: ¿Cuándo se pronunciará el Presidente sobre los crímenes contra la humanidad que siguen cometiendo los paramilitares? ¿Cuándo podremos marchar en contra de la desaparición forzada, del desplazamiento?

Seguimos la ruta en nombre de quienes defendieron y defienden la solución política y negociada del conflicto. Seguimos hermanados con quienes reclaman el Acuerdo Humanitario. Somos Hijos e Hijas por la memoria y contra la impunidad, una nueva generación, una nueva oportunidad, otro tanto de dignidad que saluda, que pide ser escuchada.

HIJOS E HIJAS POR LA MEMORIA Y CONTRA LA IMPUNIDAD

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