Sumar caciques no equivale a sumar voluntades

Acto de Carlos Gaviria en el Parque Berrío, Medellín

Sumar caciques no equivale a sumar voluntades

Algunos compañeros del movimiento popular, sin duda bien intencionados pero con una evidente mentalidad clientelista, creen que sumar caciques es lo mismo que sumar voluntades. Suponen que una amplia alianza nacional de caciques dará la suma numérica de sus seguidores y será la única garantía de victoria sobre un adversario poderoso, sin escrúpulos, autoritario y agresivo.

A quienes piensan así, conviene recordarles lo que ocurrió el 24 de febrero de 1946 en Argentina. Ese día acudieron a las urnas los electores para escoger entre dos candidatos al cargo de Presidente de la Nación: de un lado, Juan Domingo Perón, coronel golpista de tendencias facistoides, apoyado por tres pequeños partidos creados casi exclusivamente para la ocasión; de otro lado, un candidato de cuyo nombre no quiero acordarme, representando a una inmensa “Alianza Democrática” que reunía a los partidos Comunista, Socialista, Unión Cívica Radical, Demócrata Progresista, Conservador, la Sociedad Rural (terratenientes y ganaderos), la poderosa Federación Universitaria Argentina, la Unión Industrial (empresarios), la Bolsa de Comercio y los sindicatos independientes.

A simple vista, parecía ser la confrontación entre el país entero contra un aspirante a dictador, a quien se apodaba “el Hitler del mañana” en todos los medios de comunicación.

Los resultados electorales fueron catastróficos para la enorme “Alianza Democrática”: Juan Domingo Perón, el golpista, el “fascista”, el “futuro Hitler”, ganó con el 56 % de los votos.

Todavía hoy encontramos a políticos y analistas que no pueden entender lo sucedido. No hay duda de que la comprensión de este espectacular fenómeno solamente se puede lograr mediante un cuidadoso estudio científico de la sociedad argentina, su evolución histórica y las circunstancias de coyuntura en las cuales se desarrolló este drama político-electoral.

Pero, en mi modesta opinión, tampoco puede haber duda de que el desastroso resultado de la “Alianza Democrática” pone en evidencia algunos gravísimos errores de táctica política. Y  como se da el caso de que muchos políticos y analistas latinoamericanos han omitido el estudio de esos errores, asumo el atrevimiento de exponer aquí algunos de ellos. Lo hago en forma de sentencias, o consejos, o recomendaciones, solamente por razones de estilo y de brevedad, sin que esto implique que me esté tomando atribuciones de “consejero”, que nadie me ha otorgado.

1. No hagas cálculos de grandes alianzas electorales sobre la base de sumar caciques o jefaturas. Sumar caciques no es lo mismo que sumar voluntades. Los electores pueden darte la espalda precisamente porque tu alianza les borra sus “fronteras de grupo”, su “identidad de tribu”. En una nación de caciques, tus seguidores son tuyos a condición de que no vendas tu independencia o te sometas a un cacique mayor.

2. Si eres comunista, socialista o demócrata-progresista, cuídate de las alianzas demasiado amplias y basadas exclusivamente en consideraciones coyunturales, con sectores y fuerzas opuestas a tus principios. Tu alianza con grupos conservadores fuertes no hará a esos grupos “menos conservadores” o “más democráticos”. En cambio, a ti te hará menos comunista, menos socialista o menos demócrata-progresista. El pueblo elector no perdona esas metamorfosis.

3. Si te enfrentas a un adversario peligroso, un aspirante a tirano que goza de gran popularidad, no lo hagas más poderoso al presentarlo como “el enemigo público número uno” o “la bestia negra” de toda la nación. Puesto que él domina y manipula la opinión pública (y logra hacerlo aunque no controle los medios de comunicación), corres el riesgo de contribuir a que esa opinión cierre filas en apoyo a su gran cacique: un elemental mecanismo gregario hará a los electores más proclives a acogerse a la sombra del tirano y él aprovechará la oportunidad para presentarte como sospechoso, “enemigo del pueblo” o “traidor a la Patria”.

4. No presentes jamás la necesidad de una amplia alianza electoral como último recurso para detener la marcha de un tirano en ciernes. Lo único que lograrás evidenciar por este medio será tu miedo, que el pueblo calificará de pánico. Napoleón, Hitler, Mussolini y Perón son claros ejemplos de este fenómeno sicológico.

5. Recuerda que mientras más amplia sea una alianza política, más grande es el riesgo de que resulte impotente y débil. A la hora de tomar decisiones, habrá que consultar a muchos jefes, caciques, capitanes y capitanejos y, por lo tanto, tendrás que sacrificar más derechos y prebendas de tus propios seguidores para lograr acuerdos. Esto se multiplicará hasta el infinito y tarde o temprano se producirán deserciones, conflictos y rupturas. El pueblo desconfía de esa maraña de compromisos y la considera propia de la “politiquería tradicional” que a cada rato traiciona sus propias promesas. Está ocurriendo en estos momentos: véanse, por ejemplo, las privatizaciones de servicios públicos que se resuelven en abierta violación de lo que se había prometido anteriormente.

6. Nunca propongas una amplia alianza si no sabes exactamente con cuánta fuerza cuentas. Solamente pisarás terreno seguro si entras a una amplia alianza desde una posición mayoritaria o razonablemente fuerte, con el apoyo de electores que han conocido y apoyado explícitamente tus propuestas en esta dirección y, cosa fundamental, con un equipo de personas capaces de garantizar una administración eficiente y transparente.

7. Quien confía solamente en que una alianza de jefes puede derrotar electoralmente a un jefe adversario, comete un grave error. Sumar caciques no equivale a sumar voluntades. El objetivo principal debe ser siempre quebrantar la relación de ese gran jefe adversario con sus seguidores, con “sus bases”. Esto no se logra eficazamente con acuerdos entre caciques. Esto se logra mediante el trabajo de sumar voluntades y su participación activa en torno a un claro perfil programático. Pero esas voluntades no se sumarán a tu proyecto, así sea excelente, si no pueden confiar en ti. Debes demostrar, a cada paso, que cumples lo que prometes y que nunca negocias tus promesas. Puedes negociar muchas cosas, sin duda; pero jamás puedes negociar lo que has prometido cumplir o jurado defender.

De estas siete reflexiones deduzco yo que es necesario contar las fuerzas del Polo, para saber exactamente en qué situación nos encontramos frente a los posibles aliados en la próxima campaña electoral frente a Uribe y al uribismo; que es necesario convocar a un congreso extraordinario para saber exactamente hasta qué punto están dispuestos a llegar nuestros militantes y electores, en la negociación de posibles alianzas; y que es necesario, en suma, garantizar inequívocamente que el Polo cumplirá y hará cumplir sus promesas: no a las privatizaciones, sí a los derechos humanos, civiles y sexuales de la gente, sí al Ideario de Unidad, sí a la transparencia, sí a la construcción de un país decente.

Finalmente, en esto de las alianzas, es importante no olvidar jamás el reclamo popular cuando, en 1810, los notables se encontraban en conciliábulos secretos para arreglar el asunto de la primera junta de gobierno. Entonces las gentes trabajadoras y sencillas, reunidas en la plaza, gritaron lo que para nosotros debe ser la regla de oro de toda negociación:

¡El pueblo quiere saber de qué se trata!

Carlos Vidales
Estocolmo, 2009-09-27

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s